PLACER EN EL PALADAR /BIZCOCHOS DE CAYAMBE


Si se puede diferenciar la  riqueza de un país, es por su gastronomía, y los “Bizcochos de Cayambe”, son una institución a nivel internacional, lo que le da a Ecuador esa referencia para visitar su geografía, sin descuidar su gastrónoma.

 

Una de las pionera del bizcocho en Cayambe fue Maria Méndez, desde 1975 los bizcochos se han convertido en más que una tradición, son una forma de vida para el padre Rafael Méndez, y toda su familia, más conocidos como “Los bizcochos del cura”. Un negocio familiar que día a día lo han ido acomodando a las necesidades de los transeúntes, quienes se detenían a probar estas bondades divinas, acompañadas del famoso queso de hoja de la zona y el manjar de leche que acompañan a los 3000 bizcochos diarios que fabrican los hermanos Méndez.

Este negocio no ha sido indiferente para varias figuras del país, quienes muestran con orgullo las fotografías que penden de sus paredes, mostrando que no hay dignidad que se resista a este exquisito complemento de la cultura serrana. 

En la localidad de Cayambe, nos adentramos entre un fondo musical de Paulina Tamayo, bateas y hornos, para saborear los típicos bizcochos. Una especie de pan crujiente, el mismo que se consigue con un doble horneado para llegar a esa textura.

Los lugareños de esa zona, nos acogen con gran entusiasmo mientras nos van explicando paso a paso su preparación, lo primero es conseguir una masa consistente, el amasado de la misma dura alrededor de 25 minutos, mientras los 4 obreros van acompasados en los movimientos que acompañan a la composición, y toda ella de manera artesanal.  No descuidan el horno que rebulle entre llamas de madera y acorazada por una barrera de ladrillos, desde la primera hora de la mañana, esta estampa nos transporta a otra época, muchos recordarán la época de niños, cuando visitábamos aquellas antiguas y estropeadas casas de los abuelos, y su compañía, mientras iban a por leña para preparar los alimentos.

En este horno de bizcochos todo retrocede en el tiempo, y lo hacen  con productos tan básicos, que muchos de nosotros podríamos intentar realizar estos ricos aperitivos cayambeños, simplemente con un poco de harina, manteca, mantequilla, levadura, sal  y agua, unos ingredientes que nos da buena muestra de que las cosas sencillas, ganan con su candidez y su sabor.

Después de estar en manos de los obreros durante casi media hora, empieza su proceso de fermentación que consiste en otra media hora, para alcanzar la verdadera consistencia de su masa y ahí se comienza a manipular la forma y a poner en las latas que lo llevaran a su doble horneado.

Su gran secreto está en el horno y en la leña, la misma que es autóctona de la zona y leña de eucalipto, lo que le da un toque no solo de sabor, sino de olor.

TEXTO:Sandra Negron/fotos: Salgado Alban.

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