Periodismo en riego |EL LABERINTO INTERMINABLE DE REGRESO A CASA

 Texto: Miguel Angel Rengifo / Fotografía: Juan Pablo Verdesoto/Mli.


La detención de tres personas vinculadas a diario El Comercio, Ecuador, sorprendió la escena nacional y ha conmocionado a los colegas de varios países así como de los Estados, Colombiano y Ecuatoriano, sobre la realidad subyacente de la frontera norte; las autoridades ecuatorianas presumen que el equipo fue llevado al lado colombiano tras ser secuestrado en la limítrofe población de Mataje, en la provincia costera de Esmeraldas (noroeste y vecina al convulso departamento colombiano de Nariño).

Frente a estos hechos el Gobierno ha activado todos los protocolos de seguridad y de investigación a fin de precautelar la integridad de los ciudadanos; en los pasados días los ministros de Defensa, del Interior y el Fiscal General del Estado han mantenido sendas reuniones con los familiares y representantes del medio de comunicación para adoptar las acciones pertinentes. El gobierno no mencionó si este presunto secuestro estaría relacionado con los recientes atentados por parte de grupos delictivos en Esmeraldas.

Lo que aterra, desconsuela y afecta por lo acontecido va más allá de un atisbo impotente de pulsar la realidad sobre el ejercicio del periodismo en nuestro país y relativamente en nuestra región; también está la consideración de los más cercanos, familiares y colegas quienes por consiguiente han decidido develar los nombres de los secuestrados: “diversos protocolos internacionales establecen que, en estos casos, la visibilización de las víctimas es una medida importante para reducir su vulnerabilidad y eso es lo que hoy buscamos, que sus captores se sensibilicen sabiendo que tienen familias y amigos que los esperan todos los días y que no descansarán hasta que vuelvan a sus hogares sanos y salvos”, explicaron este domingo sus familiares.

“Paúl Rivas Bravo, 45 años, fotógrafo. Javier Ortega Reyes, 32 años, periodista. Efraín Segarra Abril, 60 años, conductor” son los tres empleados del diario ecuatoriano El Comercio secuestrados cerca de la frontera con Colombia hace varios días , en el más reciente episodio de violencia en la frontera norte ecuatoriana; el equipo fue secuestrado el pasado 26 de marzo del 2018 y desde entonces no han trascendido noticias.

El mayor de los secuestrados, Efraín Segarra, de 60 años, tiene dos hijos. Y sus amigos y colegas también destacan el profundo amor por los animales del conductor de El Comercio, donde trabaja desde hace 16 años. Mientras que a Javier Ortega, de solamente 32, y descrito como un apasionado del fútbol “sensible al dolor de todos los sectores sociales”, lo espera su padre y sus dos hermanos. El joven redactor, quien creció en España, lleva ocho años en El Comercio, lo que convierte al fotógrafo, Paúl Rivas, en el decano del grupo, con 20 años como fotógrafo en el diario. En 2013 Rivas obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Eugenio Espejo, otorgado por la Unión Nacional de Periodistas de Ecuador (UNP), gracias a un fotoreportaje sobre los desaparecidos ecuatorianos.

Los riesgos en el ámbito de la información afectan no solo a los periodistas, sino a todos los comunicadores (camarógrafos, reporteros gráficos, asistentes) y medios de comunicación que reciban amenazas procedentes de actores con capacidad de causar daño, y que generalmente intimidan o extorsionan porque identifican a los amenazados como potenciales enemigos, o de ser el supuesto como objeto disociador para superponer e imponer el terror y el chantaje; es preocupante la situación del periodismo ecuatoriano en este momento.

El secuestro de periodistas es algo que nos debe activar como ciudadanos para exigir del Estado las garantías que la prensa necesita para ejercer el oficio. Más que un anuncio de opinión improvisado es un llamado de atención público para solidarizarnos por los momentos de incertidumbre y angustia que viven las familias y cercanos de los periodistas desaparecidos en la frontera; me precio de conocer a los periodistas de este medio y de cierta manera en este oficio no hemos conocido tal riesgo o represalia que reprochamos y exigimos todo el contingente del Estado para ubicarlos a salvo, poner a disposición todos los recursos y acciones competentes fuera de especulaciones públicas y dislocadas que aparecen como elemento dispersor de la actual coyuntura socioeconómica del gobierno central.

La campaña emprendida a través de redes sociales y por medio de plantones y vigilias en las principales ciudades a través de #Nosfaltan3 y #LosqueremosdevueltaYa repercuta y cumpla su cometido, ojalá que, independientemente de nuestras posiciones políticas, o del criterio que tengan acerca del rol de los medios de comunicación, se pueda entender la magnitud de un hecho como el que estamos viviendo hoy.

Tiempos difíciles, tiempos borrascosos, propicios para la reflexión urgente del oficio del periodismo que priva de su fluidez en la amplia lista de las formas que pueden adquirir las violaciones a la libertad de prensa y la violencia contra los periodistas, comunicadores y medios reconocidos internacionalmente, ahí se contempla el secuestro, la intimidación, la persecución o la censura; hablar de la violencia contra periodistas no es sencillo, la información oficial que obtienen los ministerios públicos, las policías, los sistemas de inteligencia y las diferentes estructuras gubernamentales es restringida, porque forman parte de una investigación y de un proceso judicial.

La seguridad de los periodistas es vital para que las sociedades y las democracias tengan acceso a una información diversa e independiente. También lo es para promover el diálogo intercultural, la paz y el buen gobierno. Sin embargo, lamentablemente, en los últimos once años, 930 periodistas han sido asesinados por cumplir con su tarea de informar al público, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Estas cifras no incluyen otros crímenes contra los periodistas como la tortura, las desapariciones, las detenciones arbitrarias, la intimidación o el acoso.

Hacemos votos (el plural estará permitido) por la vigencia de escribir noticias buenas y que se supere este mal sueño, “cuando el periodista es noticia y no realiza la misma es un mal síntoma” que los colegas regresen a salvo, pronto.

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