EL TERREMOTO QUE AFECTÓ A TODO UN PAÍS, VISTO DE CERCA

Fotos:Andrea Luzuriaga.


La terrible tragedia que vivió Ecuador el fatídico 16 de abril será recordada por todos y sin duda alguna por aquellos que lo sufrieron en carne propia.

Una catástrofe de enormes proporciones que al momento nos deja centenares de muertos y desaparecidos, miles de heridos, decenas de niños huérfanos y una región entera casi totalmente devastada.

Allí donde hace pocos días brillaba la luz del sol sobre un paraíso turístico, donde el calor y alegría de su gente era su rasgo distintivo, hoy se respira desolación, desesperación y se puede sentir a diario la apretada lucha entre la vida y la muerte.

Ecuatorianos que vivimos en el extranjero miramos desde lejos con los ojos inundados y con impotencia nuestra tierra arrasada, nuestra gente deshecha pero no vencida que lucha día a día por recuperarse de un dolor tan terrible. Pero para quien lo vive de cerca este desastre es un trago imposible de digerir, en su mirada está clavada la tristeza y desconsuelo y en su mente para siempre queda grabado el dolor vivido.

Una de estas personas es Walter Hidalgo, médico y padre de una niña de ocho años quien con la voz rota y exhausta cuenta a MLI desde su Portoviejo natal lo que vivió y sigue viviendo hoy.

“Lo que vivimos el sábado fue salido de una película de terror, la mayoría de ecuatorianos no lo olvidaremos jamás, pensé que era el último día de mi vida.

Ver como se caían las cosas, escuchar como todo se destruía fuera, porque no vi cómo se derrumbaban los edificios pues estaba dentro de uno, cuando acabó salí, todo estaba oscuro, sin luz, sin agua y a punto de llover, al día siguiente vi la magnitud del desastre, edificios caídos el centro de Portoviejo, la zona comercial totalmente destruida, calles desiertas, todo reducido a escombros.

Es muy triste acordarse de aquello, verlo porque aún no ha terminado…”

Para Walter y su hija y para cientos de familias  la mayor ilusión, a escasos días de empezar clases, era comprar los cuadernos y libros nuevos para llevar a sus niños a la escuela. Hoy, nos dice que esas ilusiones se esfumaron porque muchas  escuelas ya no existen, el terremoto las destruyó y evidentemente las clases están suspendidas.

Tiene la dicha y bendición de tener a su hija sana y salva  pero ahora lo primordial es tratar de explicarle lo que ha pasado, algo de lo  que quizá ni los adultos aun somos conscientes.

“Sabemos que hay otros lugares también muy afectados y todos agradecemos la solidaridad nacional e internacional, las ayudas siguen llegando en grandes cantidades, pero lamentablemente, muchas veces esa ayuda no llega donde más se necesita. Hay zonas en las que bebés no tienen leche ni pañales ya que las farmacias abren únicamente con resguardo policial debido a los  constantes saqueos”

Walter nos comenta que las ayudas se almacenan en un lugar de acopio pero al parecer  la distribución de las mismas a todas las zonas de desastre  es insuficiente, comenta además que mucha gente se aprovecha de la situación y lleva más de lo que tiene y necesita.

“En medio de toda esta tragedia, es duro ver que algunas personas han comenzado a robar aprovechando la noche y esto se ha convertido ya en el día a día.

Los pocos negocios que abren se benefician de la situación y suben desorbitadamente los precios, cosa que no debería ser así. Otras muchas tiendas mayoristas no abren por el temor a ser saqueadas y es comprensible, ya que la policía y militares no dan abasto para resguardar todas las zonas pues también se encargan de recibir la ayuda que llega. En algunas ocasiones también las viviendas que aún están en pie son asaltadas pero los vecinos ya están preparados y son ellos los que se encargan de su propia seguridad.

La situación no es buena, tengo ganas de llorar a cada momento, el ver fotos, escuchar comentarios  de que tal persona conocida o no ha fallecido. Es muy duro saber que una amiga mía y su familia fueron justo ese día a un centro comercial a comprar para celebrar el cumpleaños de uno de sus hijos y murieron juntos y abrazados, sé que fue así porque lamentablemente alguien hizo una foto y yo la vi…”

Hace una petición a manera de súplica a los medios de comunicación  para que nos hagamos eco de la necesidad urgente de canalizar las ayudas a todas las zonas necesitadas.

Comenta que a pesar de que se están restableciendo el 70% de los servicios básicos, la situación sigue siendo caótica, se han producido fugas de las cárceles, de allí también que la delincuencia esté a la orden del día.

Agradece por la ayuda recibida, agradece por la vida, esa vida que esta tragedia arrebató a más de 500 hermanos ecuatorianos. Intenta ser positivo y no pierde la fe, hace un llamado a la unión, a la oración desde todos los puntos del mundo y comenta que lo único que les queda es esperar.

“Son muy duras  todas las desgracias que están pasando aún, tener que ver todo en vivo, caminar por las calles y lugares donde antes la gente disfrutaba, restaurantes, hoteles, ver a mi familia nerviosa a mi alrededor esperando alertas por si pasa algo más, es terrible ver todo destruido y saber que pasarán algunos años para que todo vuelva a renacer, pero los manabitas somos fuertes, tenemos garra!

Pero seguimos esperando su ayuda con oraciones, cosas materiales y lo que venga, sobre todo para los niños que son los más vulnerables y no entienden lo que está pasando. Ellos nos necesitan”

Estas son las durísimas declaraciones de alguien que vivió y que sigue sufriendo las consecuencias de esta gran tragedia, por la que muchos no hemos pasado en lo que llevamos de vida. Walter es solo uno de los miles de afectados, es la voz de quien ya no puede gritar por ayuda, de los que enmudecieron entre escombros.

Seamos uno, seamos hermanos, hoy más que nunca nos necesita nuestro país. Luchemos para levantar al Ecuador y a su gente.  Seamos guerreros,  valientes  y solidarios aunque la situación ahogue y el aliento falte,  levantemos juntos al Ecuador.

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